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jueves, 28 de mayo de 2009

ENSALADA LEVANTINA CON SAZÓN NORCOREANO

ENSALADA LEVANTINA CON SAZÓN NORCOREANO

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

28 DE MAYO DE 2009

Medio Oriente es un hervidero. Varios asuntos coinciden en un breve lapso de tiempo, generando un clima de incertidumbre donde actores domésticos, regionales e internacionales se entremezclan. Predomina el choque previsto entre los gobiernos de Israel y Estados Unidos tras los esfuerzos Washington para relanzar el proceso de paz con Palestina, mientras que la rivalidad entre palestinos entorpece cualquier escenario más o menos optimista.

Ni que decir del programa nuclear iraní, que marcha viento en popa, aunado al proceso electoral donde se cuestiona el liderazgo de Mahmoud Ahmadineyad. Por su parte, las elecciones programadas en El Líbano para el 7 de junio contienen un elemento de explosividad encarnado en Hezbollah, el partido shiita apoyado directamente por Teherán. Así pues, Medio Oriente vive un momento particularmente tenso que tendrá desenlaces inciertos en el futuro inmediato. Vayamos por partes para desmenuzar esta intrincada ensalada, puesta a la mesa, a unos días de que Barack Obama realice su primera gira a la región como presidente de Estados Unidos.

La semana pasada, Obama recibió en la Casa Blanca al primer ministro de Israel. Las declaraciones de los últimos días reflejan el desencuentro entre ambos. Como parte de su intento por solucionar el conflicto entre israelíes y palestinos, Obama exigió a Benjamín Netaniahu poner fin a la expansión de los asentamientos judíos en los territorios palestinos ocupados. El premier israelí, además, evitó refrendar la solución de los dos Estados. No es la primera vez en que estos aliados, Israel y Estados Unidos, no coinciden en la misma dirección. Sin embargo, en esta ocasión, la distancia que se marcó entre ambos gobiernos se fundamenta en la decisión de Obama de convertirse en un intermediario imparcial, necesario para alcanzar un acuerdo que incluya un Estado palestino viable que coexista al lado de Israel. Pero su intención aún no encuentra suficiente eco. La coalición que sostiene al gobierno de Netaniahu rechaza el proyecto de los dos Estados. Además, el premier israelí se debe, y protege, a los 300 mil colonos judíos que imponen su ley opresora en los territorios ocupados, coartando a la población palestina de la posibilidad de ejercer, siquiera, sus libertades políticas y civiles más elementales.

No es sólo la intransigencia israelí la que entorpece el intento diplomático de Washington. La lucha de poder entre Al Fataj, que encabeza Mahmoud Abbas y Hamás hace imposible que se concrete cualquier proyecto de paz. Los esfuerzos de Egipto por reconciliar a estas dos fuerzas palestinas a través de la formación de un gobierno de unidad nacional han sido infructuosos. El movimiento islámico salió políticamente fortalecido tras la guerra de Gaza y no requiere flexibilizar su postura ante una ANP ineficaz y débil. Además, considera al presidente Abbas como parte del problema y no de la solución. Mientras Hamás no reconozca al Estado de Israel y rechace el proceso de paz, será difícil pensar en una reconciliación palestina. De esta forma, el apoyo de Obama a Abbas, traducido en frenar el crecimiento de los asentamientos judíos en Cisjordania y en el levantamiento de las restricciones de movimiento de la población palestina, podría revitalizar al líder palestino frente a Hamás. Además, Abbas, quien hoy fue recibido por Obama en la Casa Blanca, se fortalecería si se concreta la Iniciativa de la Liga Árabe que endorsa el reconocimiento de Israel a cambio de un acuerdo de paz con Palestina. De ser certera esta observación, es posible que atestigüemos un mayor distanciamiento entre Obama y Netaniahu, con lo que el hilo reventaría por lo más delgado, es decir, crearía inestabilidad en la coalición israelí y posibles elecciones adelantadas.

Precisamente, Netaniahu ha intentado aplacar la avanzada diplomática de Washington advirtiendo sobre la amenaza iraní. Obama busca resolver el conflicto palestino-israelí como parte de una estrategia regional más amplia, que incluye la neutralización del proyecto nuclear de Irán. En este contexto, Ahmadineyad ha incrementado su discurso incendiario de cara a las elecciones del 12 de junio donde se juega su futuro político. El reformista Mir-Hossein Mousavi se enfila como el candidato más fuerte para evitar que Ahmadineyad se re-eliga. Mosuavi cuestiona la política exterior de Ahmadeniyad, que entre otras cosas, ha aislado aún más a la república islámica y profundizado sus problemas económicos. Si bien buena parte de la política iraní reside en el ultra-conservador Consejo de Sabios, una superestructura político-religiosa que determina el devenir iraní, también es cierto que la coyuntura económica ha puesto en riesgo la continuidad del régimen islámico ante el creciente descontento popular. En este caso, es posible que una visión más pragmática de los propios Ayatolas acabe por darle las gracias a Ahmadineyad por sus servicios.

Así mismo, las elecciones que se realizarán en El Líbano serán otra prueba que permita medir las fuerzas regionales en la zona. Hezbollah, apoyado por Irán, busca incrementar su tajada de poder a través del proceso electoral del 7 de junio. Sin embargo, la reciente filtración de un informe que responsabiliza al movimiento shiita del asesinato del expremier Rafik Hariri ha menguado la credibilidad de Hezbollah ante parte del electorado libanés. De peligrar la influencia de Hezbollah en el gobierno, que incluye el poder de veto y un ejército privado, no sería extraño que busqué animar una nueva confrontación con Israel para re-fortalecerse.

Así pues, en momentos en que se replantea seriamente la política exterior de Estados Unidos en Medio Oriente, son varios los actores interesados en mantener vigentes los diversos conflictos que se desarrollan en zona y poner a prueba la estrategia de Obama. En pocas palabras, a partir de ahora, cualquier cosa puede pasar. Corea del Norte ha dado la pauta…

jueves, 30 de abril de 2009

DE CERDOS, HAMÁS Y NETANIAHU

DE CERDOS, HAMÁS Y NETANIAHU

JOSÉ HAMRA SASSÓN

30 DE ABRIL DE 2009

Como en el resto del mundo, los países del Medio Oriente se preparan para evitar que el ahora llamado virus de la Influenza A(H1N1) afecte a sus poblaciones ante la alerta mundial emitida por la Organización Mundial de Salud (OMS). No es para menos, el virus de la influenza porcina llegó a la región.

Hasta el momento, sólo se han detectado un par de contagios confirmados en Israel, ninguno mortal. Se sospecha que otras cuatro personas puedan estar infectadas con el virus. Todos los casos regresaron de México o tuvieron contacto con personas que visitaron nuestro país en días recientes. Por esta razón, las autoridades israelíes han dispuesto la revisión médica de todos los viajeros que lleguen de México. En el aeropuerto se han habilitado clínicas especializadas con el fin de detectar posibles casos de infección.

Por su parte, Egipto dispuso poner en cuarentena a los pasajeros que aterrizaran en sus aeropuertos provenientes de México. El Ministerio de Salud preparó panfletos para informar a su población.

En este país, el uso político de la crisis global de salud no se queda atrás. A principios de esta semana, el Ministerio de Agricultura ordenó sacrificar unos 300 mil cerdos, que básicamente son criados por la minoría cristiana de la comunidad copta. La medida resulta absurda, una vez que se ha comprobado e informado hasta el cansancio que no hay posibilidad alguna de contagio por el contacto con cerdos o el consumo de su carne. Este jueves las autoridades egipcias reconocieron, ante la crítica de la FAO, que aprovecharon la crisis de la pandemia para poner en orden la crianza irregular de cerdos en este país mayoritariamente musulmán. La medida ya tuvo reacciones violentas en algunas ciudades al Norte de El Cairo, región donde se concentra la minoría copta, cuando criadores de cerdos se enfrentaron al personal de sanidad que se presentó a retirar a sus animales. De esta forma, el anuncio de la matanza de cerdos, un animal prohibido e impuro para el islam, también es aprovechado para hacer frente a la creciente oposición islamista que amenaza al régimen de Mubarak.

En este mismo tenor, funcionarios iraquíes anunciaron que sacrificarían a los tres cerdos salvajes que habitan en el zoológico de Bagdad. Aunque no hay fecha para hacerlo, la dudosa decisión parece una forma de aparentar ante la población que las autoridades están haciendo algo para prevenir la infección viral. No obstante, hay medidas más sensatas puestas en marcha. Las autoridades de salud en Irak, al igual que las de El Líbano, los Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Palestina, han asegurado que cuentan con dosis suficientes del antiviral Tamiflú en caso de ser necesario. Además, en El Líbano, las autoridades han solicitado a su población evitar el saludo tradicional de tres besos en las mejillas y lavarse las manos continuamente. En Arabia Saudita se ha habilitado una línea telefónica de emergencia y se ha capacitado al cuerpo médico para diagnosticar correctamente una infección de influenza porcina. Por su parte, el Consejo de Cooperación de países del Golfo Pérsico tiene programada una reunión para este sábado en el cual buscará coordinar acciones para hacer frente a la pandemia.

En otras palabras, las acciones que se realizan en el Medio Oriente ante la crisis sanitaria responden, en términos generales, a los requerimientos que la OMS ha dispuesto para combatirla. Sin embargo, habría que tomar en cuenta que de no mitigarse la actual expansión del virus, los países subdesarrollados son los que tendrán mayores impactos de infección y casos de muerte por la influenza porcina. A favor, varios países de la región, incluyendo la Autoridad Nacional Palestina, cuentan con planes de contingencia contra la gripa aviar, por lo que es de suponer que estarán preparados para al menos diagnosticar y tratar correctamente casos de infección por esta nueva ola de influenza.

No obstante lo anterior, no podemos dejar de lado la situación en los Territorios Palestinos, particularmente la franja de Gaza. Durante los últimos años, el bloqueo económico y la guerra de hace unos meses han dejado el sistema de salud de la franja en condiciones deplorables. El abastecimiento de medicamentos es ínfimo, con lo que la población en Gaza se encuentra en un alto riesgo de contagio. Este escenario obligaría al gobierno de Benjamín Netaniahu a asumir responsabilidad sobre el impacto de la influenza porcina en Gaza. Ante la confirmación de que el virus de la influenza porcina, altamente contagioso, ya llegó al Medio Oriente, la coordinación entre Israel, la Autoridad Nacional Palestina y Hamás es inevitable. La pandemia no reconocerá fronteras impuestas ni muros de seguridad. En este sentido, de nada serviría al gobierno de Israel controlar y mitigar el virus en su población si sus vecinos palestinos se mantienen en alto riesgo de ser infectados y sin las instalaciones sanitarias necesarias para hacerle frente.

Quién lo diría, el gobierno ultranacionalista de Israel y los islamistas fundamentalistas de Hamás codo a codo para combatir un virus originado del cerdo, un animal prohibido como alimento tanto por el judaísmo como por el islam. Como decimos en México, nadie sabe para quién trabaja…

jueves, 5 de marzo de 2009

GALIMATÍAS EN MEDIO ORIENTE

GALIMATÍAS EN MEDIO ORIENTE

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

5 DE MARZO DE 2009

Hillary Clinton realiza esta semana su primer viaje al Medio Oriente como Secretaria de Estado de Estados Unidos. La región la recibió ansiosamente pues las expectativas creadas en torno a su jefe, Barack Obama, son enormes. ¿Logrará el nuevo gobierno estadounidense poner orden en el desastre que dejó el gobierno de Bush? La ocupación en Irak, el conflicto palestino – israelí, el devenir de El Líbano, la nuclearización iraní, el enigma sirio y los agentes no-estatales como Hamás y Hezbollah, son sólo algunos de los asuntos que en primera instancia hacen de la agenda regional un verdadero galimatías.

Partamos de la idea de que es urgente resolver el conflicto israelopalestino, raíz del conflicto árabe – israelí. Y el apremio es evidente al menos por dos razones. Por una parte, los palestinos requieren un Estado independiente y viable para cumplir con sus aspiraciones nacionales. La segunda razón es que un acuerdo de paz con Israel, aceptado por la mayoría de los palestinos, y el mundo árabe en general, neutralizaría a los regímenes autocráticos, a los movimientos islamistas y a las organizaciones terroristas como Al Qaeda que utilizan la tragedia palestina para manipular a las bases sociales. Sin duda, desactivar este conflicto generaría oportunidades para resolver otros problemas de la región que nada tienen que ver con Israel o Palestina.

Consideremos también que Estados Unidos es el único actor en el sistema internacional capaz de forjar un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos, ejerciendo su poder diplomático para despejar el miedo y la desconfianza entre las partes. Finalmente, supongamos que la Casa Blanca entiende cómo armar este rompecabezas, donde muchas de las piezas no embonan en primera instancia entre sí o que dependen de otros eslabones en la dimensión regional para poder hacerlo. Piezas que, incluso, están conformadas por dos o más partes.

Y es que en Israel y Palestina se experimentan procesos de fragmentación que podemos ver geográficamente. Por ejemplo, Gaza se encuentra bajo control de Hamás y Cisjordania de Al Fatah, el movimiento que históricamente rige los destinos de la OLP y la Autoridad Nacional Palestina. Ambos feudos compiten pot la legitimidad de la causa palestina bajo premisas y estrategias en principio incompatibles. Mientras que el movimiento islamista busca crear un Estado teocrático en todo el territorio en disputa, Al Fatah sostiene con alfileres la iniciativa que reconoce la coexistencia con Israel. Además, ambos cuentan con representaciones en la diáspora palestina que tienen cierto grado de influencia en las decisiones que toman. En este escenario aparece Egipto, que cumple con la función de mediador en el diálogo de reconciliación palestina, que tras la guerra en Gaza cobró nuevo aire una vez que se evidenció la fractura entre Al Fatah y Hamás. El 26 de febrero se reunieron en El Cairo representantes de 13 fracciones palestinas, donde establecieron una agenda para el proceso de reconciliación que busca generar las condiciones para celebrar elecciones parlamentarias y legislativas en enero de 2010. Además de intentar acordar un gobierno de unidad nacional de transición, se abordarán temas desde la liberación de prisioneros políticos de ambos bandos, seguridad y la reforma de la OLP.

Egipto también mantiene la mediación indirecta entre Israel y Hamás con el fin de pactar un cese al fuego total y de larga duración así como la liberación de prisioneros. La reconciliación palestina depende de los avances en esta vía. Si bien la pieza egipcia es clave en este rompecabezas, cierto es que también es sumamente frágil. Abrumado por la amenaza que representa para su régimen el extremismo islámico, Hosni Mubarak ha fracasado en su intento de reformar la economía de su país, a la vez de que se incrementa la incertidumbre política ante la falta de reglas claras para la sucesión presidencial. Hoy en día Egipto es el aliado árabe que mejor puede responder a los intereses de Estados Unidos frente al conflicto palestino – israelí, pero que también encabeza, junto con Arabia Saudita, el frente anti-iraní. El régimen de Teherán ha aprovechado el desorden de los últimos años para cimentar, apoyado por su proyecto nuclear, un liderazgo regional que confronta directamente al mundo árabe y su mayoría sunnita. En términos generales, Irán ha profundizado las añejas divisiones que existen entre los países árabes, al grado de que el presidente palestino le ha exigido a su gobierno dejar de entrometerse en Gaza. La descomposición de Egipto abriría la puerta de par en par a los sectores más radicales de la zona, con lo que cambiaría dramáticamente la configuración del rompecabezas.

Así las cosas, Israel, el otro actor del conflicto prioritario en Medio Oriente, también se encuentra dividido. La institucionalidad del Estado judío ha quedado rebasada por la minoría extremista que no reconoce los derechos palestinos. Geográficamente, Cisjordania, donde viven al menos 400 mil colonos judíos, se rige bajo una administración segregacionista y de privilegios, a diferencia del territorio internacionalmente reconocido para Israel, donde el sistema democrático incluyente está en vías de parálisis tras el resultado electoral del mes pasado. En buena medida, se debe a que el probable gobierno de Benjamín Netaniahu se dirige a una colisión con la Casa Blanca. A su paso por la región, Clinton ha sido clara: los asentamientos judíos son un obstáculo para la solución de los dos Estados, la pieza clave, de acuerdo a nuestros supuestos, para empezar a resolver el caos que representa el Medio Oriente. Estados Unidos no la tiene fácil y requiere del apoyo de la Unión Europea, Rusia, la ONU, y países regionales como Turquía y Egipto. Pero es el único actor capaz de articular una agresiva estrategia diplomática que genere condiciones más afables para la resolución del conflicto palestino-israelí. Falta por ver si el gobierno de Obama logra pasar de las palabras a los hechos.

viernes, 30 de enero de 2009

GAZA EN LAS ENTRAÑAS DE EGIPTO

GAZA EN LAS ENTRAÑAS DE EGIPTO

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

29 DE ENERO DE 2009

En solidaridad con Olivia Gall y Alejandro Frank

Egipto es un actor central de la guerra en Gaza y del subsecuente y frágil cese al fuego entre Israel y Hamás. Abordar el papel del mayor país árabe es fundamental para entender el desarrollo de la guerra y dilucidar sobre lo que podría suceder en el futuro.

No es casual que en su primera misión George Mitchell, el enviado especial para Medio Oriente de Estados Unidos, haya realizado su primera escala en El Cairo. El Egipto de Gamal Abdel Nasser “administró” la franja de 1948 a 1967, sin conceder a los refugiados palestinos ningún derecho político tras la independencia de Israel. Durante las negociaciones de Camp David de 1978 con Israel, la franja quedó fuera del acuerdo de paz a solicitud egipcia. El gobierno de Anwar el-Sadat no la quiso de vuelta, a pesar de haber perdido este territorio junto con la península del Sinaí en la guerra del 67. Una vez que Israel se retiró unilateralmente de Gaza en 2005 y Hamás se hizo de su control dos años después, los 11 kilómetros de frontera común entre Egipto y la franja se han mantenido sellados a la par del bloqueo israelí. En otras palabras, la situación en Gaza también es responsabilidad egipcia, incluyendo los túneles que se construyeron para contrabandear, desde su territorio, armas, pero también alimentos, libros y toda clase de enceres y mercancías de primera necesidad. Y es que, consistentemente, El Cairo se ha opuesto a otorgarle algún tipo de legitimidad a Hamás. Cualquier guiño del presidente Hosni Mubarak al movimiento islamista palestino podría poner en aprietos a su régimen. Precisamente, el gobierno egipcio ha hecho lo posible para apuntalar a la Autoridad Nacional Palestina de Mahmoud Abbas antes, durante y después de la guerra.

Vayamos por partes. En primer lugar la guerra en Gaza reflejó las profundas divisiones históricas que imperan entre los países árabes. Uno tendería a pensar que la magnitud de la respuesta militar israelí a los ataques de Hamás los uniría. En realidad, se crearon al menos dos frentes. Uno de ellos, encabezado por Egipto y Arabia Saudita, al que a la postre se uniría Jordania con el fin de boicotear la Cumbre Árabe de emergencia convocada por Qatar a principios de enero. En el otro frente se situaron, Siria y Hezbollah, el partido fundamentalista libanés, junto con el propio Qatar y Mauritania, quienes fueron los únicos países árabes que rompieron relaciones con Israel. Apoyados por Irán, se manifestaron abiertamente a favor de Hamás. Hezbollah, incluso, incitó sin efecto, a los egipcios para levantarse en contra de su gobierno.

Egipto criticó al liderazgo de Hamás desde que decidió no renovar la tregua con Israel a mediados de diciembre y lo culpó de haber provocado los ataques a Gaza. Ahora, busca consolidar el alto al fuego, con lo que pretende menguar el poder de Hamás a través de sus oficios para la reconciliación interpalestina. Entre otras cosas, propone un esquema en el que se restablezca un gobierno de unidad encabezado por la Autoridad Nacional Palestina. Mahmoud Abbas, cuyo mandato presidencial finalizó formalmente el 9 de enero, tendría que convocar a elecciones legislativas y presidenciales que se realizarían a más tardar el próximo mayo. Por su parte, Hamás renunciaría a cualquier acción militar contra Israel. Además, se buscaría reformar a la OLP para integrar a Hamás, una vez que la organización islamista acepte una solución negociada con Israel. A cambio, la Autoridad Palestina y Egipto liberarían a todos los miembros de Hamás que tienen presos.

Aunque encubierto por el esfuerzo diplomático, cabe preguntare a qué se debe el afán de Mubarak por debilitar a Hamás. La respuesta reside en la Hermandad Musulmana, la principal amenaza a su régimen. Los fundadores de Hamás en Gaza se formaron en la Hermandad Musulmana, el primer movimiento de corte fundamentalista islámico, creado en 1928 con el fin de transformar a Egipto en un Estado regido por la Sharía. Mubarak gobierna desde 1981 y se ha perpetuado en el poder tras cinco periodos en los que el oficial Partido Nacional Democrático ha arrasado en comicios poco transparentes. Desde su ascenso al poder, tras el asesinato de Sadat a manos de extremistas islámicos, Mubarak impuso una ley de emergencia que ha coartado las libertades políticas y sociales básicas de los egipcios. En este sentido, ha proscrito a la Hermandad Musulmana y perseguido y apresado a sus miembros, incluso bloqueando sus candidaturas en elecciones universitarias, municipales y nacionales. No obstante, los candidatos independientes adscritos al movimiento islamista que lograron participar en las elecciones legislativas de 2005 ganaron cerca de 20% de los escaños. En un país donde la mitad de sus 80 millones de habitantes sobrevive con dos dólares diarios, el movimiento islamista ha levantado simpatías, sobre todo en las zonas rurales. Además, el régimen de Mubarak se caracteriza por un imperante sistema de corrupción que se ha impuesto a cualquier tipo de reforma económica.

Ante el crecimiento de la oposición islámica, en buena medida impulsada por las condiciones de pobreza, Egipto se encuentra en una encrucijada ante la incertidumbre política. No existe en este momento una figura que sustituya a Mubarak, quien a sus 80 años se encuentra enfermo. En la última década ha impulsado a uno de sus hijos, Gamal, para ocupar su lugar bajo un aurea reformadora. Sin embargo, la sucesión no se ha concretado y no cuenta con el favor popular.

En este sentido, la guerra de Gaza tiene como escenario alterno la sucesión política egipcia. Un triunfo de Hamás habría ofrecido un caso de éxito para la Hermandad Musulmana, fortaleciendo al principal enemigo al régimen de Mubarak. Un escenario donde el fundamentalismo islámico se hiciera del poder en el mayor país árabe sería funesto para la estabilidad de la región. Más aún, sería el corolario de años de represión y falta de libertades que han impuesto los regímenes autoritarios en el Medio Oriente, velando más por sus intereses particulares que por los de sus sociedades. Pasó el tiempo en el que Israel era el principal pretexto para que los regímenes autoritarios se perpetuaran en el poder. Ante el ascenso de Hamás, la paz entre israelíes y palestinos es apremiante. También lo son las reformas políticas y económicas que generen condiciones sociales más justas, con lo que se pondría un alto a la falsa alternativa que ofrecen los movimientos totalitarios de corte islamista en el resto del mundo árabe.

jueves, 15 de enero de 2009

GUERRA EN GAZA: LA COMPLEJIDAD QUE NO ENTIENDE HUGO CHÁVEZ

GUERRA EN GAZA:

LA COMPLEJIDAD QUE NO ENTIENDE HUGO CHÁVEZ

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

15 DE ENERO DE 2009

Los gobiernos de Venezuela y Bolivia rompieron relaciones con Israel pretextando la guerra en Gaza. Ambos han manifestado su repudio a las acciones bélicas de Israel y han tomado partido sin reparar en la complejidad del conflicto palestino israelí. Hugo Chávez y Evo Morales responden así a las directrices de Irán, el régimen teocrático con el cual se han aliado en aras de reconfigurar el sistema internacional. En la perspectiva del presidente iraní, este planteamiento incluye la destrucción del Estado judío. Curiosamente, los gobiernos de estos dos países latinoamericanos han sido los únicos que han roto relaciones con Israel. Vamos, ni siquiera la OLP, ni Egipto, ni Jordania lo han hecho.

¿Acaso Chávez se manifestó alguna vez de la misma forma respecto al genocidio en Darfur, que ha dejado hasta el momento unos 400 mil muertos? ¿Acaso el adalid bolivariano rompió relaciones con Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón o Australia tras la invasión a Irak? Chávez, que se ha armado hasta los dientes de equipo militar ruso, ¿rompió con Georgia tras la guerra en Osetia del Sur en agosto del año pasado? Chávez replica con elocuencia la retórica de Mahmoud Ajmadineyad, que apoya directamente a Hamás, un movimiento que dista de enarbolar los valores democráticos que supuestamente abandera el chavismo. Y si hay duda de esto, habría que preguntarse sobre la persecución que estos dos regímenes ejercen sobre sus respectivas oposiciones. Curiosamente, Chávez y Ajmadineyad sobreviven políticamente gracias a que usan la riqueza del petróleo para sostener sus proyectos. Con la dramática caída en los precios del crudo, la guerra en Gaza les permite legitimar su política represiva disfrazada de democracia.

La lamentable guerra en Gaza no puede verse bajo el prisma maniqueo de la retórica chavista. Lo decía Amos Oz hace unos años: la gran tragedia del conflicto israelí-palestino es que las dos partes tienen razón. Los derechos de ambos pueblos sobre la misma tierra son igualmente genuinos. En pocas palabras, este conflicto no puede entenderse identificando buenos y malos. No obstante lo anterior, no podemos poner de lado la crudeza de la guerra, que ha dejado tras 20 días 1,100 muertos palestinos, entre ellos al menos 300 niños. Esta guerra cuenta con dos responsables inmediatos, el liderazgo de Hamás y el gobierno de Ehud Olmert, heredero político de Ariel Sharon. El primero, por no medir las consecuencias para su pueblo tras agredir incansablemente el sur del territorio israelí. El segundo, por no comprometerse con el proceso de paz y buscar imponer condiciones a los palestinos. Esta guerra, y sus muertos en ambos lados, son resultado de la soberbia compartida.

En estos momentos se negocia una tregua que ponga fin a la violencia. Egipto, Francia, Estados Unidos y hasta el Secretario General de la ONU se han puesto a trabajar en ella. En principio, tanto Hamás como Israel aceptan en términos generales las condiciones proyectadas: fin de los ataques de Hamás a territorio israelí, apertura del cruce de Rafah entre Gaza y Egipto, así como una probable presencia de fuerzas extranjeras para mantener la paz. El gobierno de Olmert insiste en que se debe garantizar el fin del contrabando de armamento y el liderazgo de Hamás que se condicione la retirada de las tropas israelíes.

El recrudecimiento en las últimas horas de los ataques contra objetivos de Hamás presume que el acuerdo para la tregua está cerca. Ambas partes buscan incrementar su posición de fuerza ante la negociación. Israel, con su aparato bélico, lleva la mano. Pero a Hamás, como lo he sostenido en diversas ocasiones, no se le puede vencer. No hay forma de acabar con él, porque su razón de ser trasciende a la resistencia armada y sus actos terroristas. Sin embargo, sí se puede neutralizar y minimizar su influencia en la calle palestina. La política que implementaron los últimos gobiernos de Israel (avalada por George W. Bush) hacia los palestinos minó las posibilidades para que la Autoridad Nacional Palestina, encabezada por Al-Fatah, lograra legitimarse ante el pueblo palestino. Esta es una oportunidad que se abre para fortalecer a Mahmoud Abbas, su actual presidente. Aún así, las autoridades palestinas no están exentas de responsabilidad. La corrupción que impera en las cúpulas de Al-Fatah alejó a las bases del movimiento histórico que enarbola la causa palestina.

Por otra parte, la guerra en Gaza traerá consecuencias para Israel. El bombardeo israelí a edificios de la ONU y otras instancias internacionales, errores o no, hacen mella en su imagen como país que anhela vivir en paz con sus vecinos. Se puede explicar, pero de ninguna manera aceptar como inevitables la muerte de niños y mujeres. Las fuerzas de Israel saben que en Gaza no hay para donde escapar. La guerra contra Hamás llega así a un punto de inflexión. Si la tregua no cuaja, es posible que Cisjordania se contagie de la violencia. Hasta el momento la Autoridad Nacional Palestina se ha mantenido en un bajo perfil, reflejo de su debilitamiento. Le corresponde ser un actor central en las negociaciones del cese al fuego. Si no es incluido, perderá la poca legitimidad que le queda ante el pueblo palestino.

Así pues, la tregua, para que perdure, debe venir acompañada de un proyecto mucho más profundo que incluya la reconciliación inter-palestina y negociaciones definitivas de paz entre Israel y los palestinos. La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca es una oportunidad para reactivar el proceso que produzca una paz justa. Una renovada política exterior estadounidense debe garantizar una intermediación imparcial que asegure la existencia del Estado de Israel y la creación de un Estado viable para los palestinos. Es momento de poner un alto al número de muertos que ha producido durante 100 años el conflicto entre estos pueblos.

jueves, 8 de enero de 2009

GAZA: OTRA GUERRA QUE PUDO EVITARSE

GAZA: OTRA GUERRA QUE PUDO EVITARSE

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

8 DE ENERO DE 2009

¿Logrará Israel poner un alto a Hamás? Lo dudo, y no porque simpatice con el movimiento fundamentalista. Al contrario, rechazo enfáticamente la ideología de Hamás y lo que pretende, entre otras cosas la destrucción del Estado judío. Me queda claro que ni el pueblo palestino, en general, ni Gaza, en lo particular, son Hamás. Pero Israel está alimentando a Hamás al lanzar todo su poderío bélico para responder a su provocación. Es claro también que el gobierno de Israel busque defender a sus ciudadanos. Tiene esa obligación, de eso no cabe la menor duda. Pero sólo podrá ofrecerles seguridad hasta que firme con los palestinos un acuerdo de paz justa.

En el fondo, esta guerra confirma dos premisas sobre las que yace el conflicto palestino-israelí: la primera es que violencia genera mayor violencia. La segunda premisa es que el conflicto no se resolverá mientras Israel mantenga la ocupación y el control de los territorios palestinos. Israel ha intentado casi todo para frenar el avance de Hamás en la sociedad palestina. Ha intentado casi todo para frenar los atentados terroristas y los ataques con cohetes Qassam con los que Hamás agrede constantemente a la población israelí. Israel ha implementado desde deportaciones hasta asesinatos selectivos de sus líderes.

En los últimos años, Ariel Sharon ordenó la desconexión unilateral de Gaza, ofreciendo a Hamás la oportunidad de capitalizar esta decisión como un logro de su lucha armada. El argumento redituó unos meses después, cuando Hamás triunfó legalmente en las elecciones palestinas de 2006. Ni el muro en Cisjordania, ni el bloqueo económico en Gaza después de que Hamás se hizo del control de la franja debilitaron al Movimiento de Resistencia Islámica. Al contrario, estas acciones lo fortalecieron frente al ala moderada palestina, representada por Al-Fatah, que ha perdido crédito ante su pueblo debido a las interminables negociaciones de paz con Israel, negociaciones que no avanzan hacia ninguna parte.

Israel lo ha intentado casi todo, pero lamentablemente no ha agotado la vía diplomática. No ha dado el paso necesario para concretar con la Autoridad Nacional Palestina de Mahmoud Abbas, que reconoce la existencia de Israel, un acuerdo de paz que determine la coexistencia de dos estados independientes con una Jerusalén compartida como capital. En la asimetría de la relación israelí-palestina, el Estado judío es, por su fortaleza institucional, el que marca el paso en ese rumbo. Pero Israel no agotó la diplomacia y esta guerra no acabará con Hamás. En buena medida, porque Hamás es un movimiento de bases. Su discurso, basado en el establecimiento de un Estado islámico regido por la shaaría, viene acompañado de una red de asistencia social que atiende, desde hace al menos 20 años, los vacíos que ni la ocupación israelí ni la Autoridad Nacional Palestina han querido o podido llenar.

En otro orden de ideas, la guerra en Gaza tiene una arista regional que es necesario abordar para dimensionar el conflicto. Hacerlo permitirá entender la relativa pasividad de países árabes como Egipto y Arabia Saudita. Incluso la pasividad de la Comunidad Internacional frente las lamentable muerte de al menos 600 palestinos en Gaza. Hosny Mubarak, el presidente egipcio, sostuvo esta semana que Hamás no puede ganar esta guerra. Un nuevo éxito de Hamás, aunque sea puramente perceptivo, implicaría un dolor de cabeza para El Cairo. Y es que la principal oposición al régimen de Mubarak se encarna en la Hermandad Musulmana, la organización islamista de donde emanó Hamás. Ese escenario implicaría una amenaza real para el régimen justo cuando Egipto está inmerso en la incertidumbre de la transmisión de poder. En este sentido, parecería ser que el Ejército de Israel le está haciendo el trabajo sucio a Mubarak para salvaguardar la continuidad de su régimen.

Por otra parte, la guerra en Gaza hace evidente la creciente influencia de Irán en la región y lo que eso implica para el liderazgo tradicional de Egipto y Arabia Saudita en el mundo árabe. Desde que Hamás se hizo del control de la franja en 2007, el régimen de los Ayatolas no ha cesado de armarlo. Al igual que lo hizo con Hezbollah en El Líbano, Irán pretende ampliar su control en la zona a través de los movimientos extremistas que financia. No sorprende que el liderazgo de Hamás en el exilio sirio se reúna constantemente con las figuras políticas más prominentes de Irán. En buena medida, Hamás no renovó la tregua con Israel a finales de diciembre gracias a las consultas con Teherán. Un éxito de Hamás sería una bocanada de oxígeno para el gobierno de Mahmoud Ajmadeniyad, cuyo populismo hace agua tras la caída de los precios del petróleo. Desde la perspectiva iraní, la guerra en Gaza es una oportunidad para profundizar el encono entre el sunnismo y el shiísmo en el mundo árabe, y con ello afianzarse como nueva potencia regional a costa de Egipto.

Así pues, el contexto regional también es un factor a considerar en todo lo que se ha dicho y escrito sobre esta dolorosa y triste guerra. Independientemente de todo, es urgente una tregua total que asegure a Israel el fin de las agresiones de Hamás y que a la par acabe con el bloqueo israelí sobre Gaza. Los civiles de Israel merecen vivir en paz sin el temor a que les caiga un Qassam. Los civiles de Gaza no merecen más sufrimiento, ni que se sigan apilando sus muertos por una guerra más que pudo evitarse.