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jueves, 18 de junio de 2009

CONFLICTO POST-ELECTORAL IRANÍ: AGOTAMIENTO DEL RÉGIMEN ISLÁMICO

CONFLICTO POST-ELECTORAL IRANÍ:

AGOTAMIENTO DEL RÉGIMEN ISLÁMICO

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

11 DE JUNIO DE 2009

El conflicto post-electoral en Irán cimbra los fundamentos de la República Islámica. El presidente Mahmoud Ahmadineyad fue declarado vencedor con un margen de 2 a 1 sobre su rival más cercano en los comicios que se realizaron el viernes pasado. El resultado fue desconocido por el principal candidato opositor, Mir Hossein Musaví. A lo largo de la semana las calles de Teherán se han visto inundadas por decenas de miles de manifestantes que rechazaron el anuncio del Líder Supremo, el Ayatola Ali Jamenei, quien se brincó al Consejo de Guardianes, órgano clerical que debió calificar la elección. Después de una ríspida campaña electoral, Musaví denunció un fraude en su contra. El atractivo de los jóvenes de las zonas urbanas por el principal contendiente de la oposición reside en que sus posturas se perciben como una opción de apertura hacia Occidente. Además, Musaví ofreció revisar la política exterior de Ahmadineyad.

En las calles, el régimen de los ayatolas reprime las manifestaciones masivas, arrestando a cientos de estudiantes y políticos de oposición, además de censurar a los medios de comunicación, incluyendo a los corresponsales extranjeros. También jugadores de la Selección de Futbol de Irán se unieron a las protestas al portar una cinta verde durante el juego que sostuvieron el día de ayer contra el representativo de Corea del Sur. El repudio social se ha extendido a otras ciudades y las fuerzas armadas han entrado en acción. Se han llegado a reportar hasta 20 manifestantes muertos.

Si bien no hay elementos contundentes como para demostrar un fraude a favor de Ahmadineyad, sí hay una serie de irregularidades y situaciones que justifican la sospecha. La campaña estuvo cargada a favor del candidato oficial. Las dudas respecto al resultado se amplifican cuando la información concede el mismo margen de triunfo de Ahmadineyad en las ciudades, donde reside el mayor apoyo a Musaví.

Pero más allá del resultado, las protestas reflejan que está agotado el complejo sistema político que fundó el Ayatollah Jomeini para la república islámica hace 30 años. El sistema iraní se distingue por una serie de pesos y contrapesos que erigen a una cúpula clerical sobre las instituciones democráticas elegidas por voto popular. En este sentido, la voluntad de la sociedad y las decisiones del parlamento dependen del visto bueno de la estructura clerical. Por ejemplo, el Consejo de Guardianes aprueba las candidaturas presidenciales y legislativas y sanciona que las decisiones del parlamento se ajusten a su interpretación del islam. Así pues, Irán cuenta con un sistema democrático acotado por el criterio teológico de los ayatolas que ostentan el poder real.

Hay al menos dos perspectivas que nos permiten entender la naturaleza del conflicto post-electoral. En primera instancia, está la lucha de poder en el seno de la cúpula clerical entre los llamados conservadores y reformistas. En el primer grupo se encuentra el Ayatolah Ali Jamenei, quien fue designado como Líder Supremo hace 20 años tras la muerte del Ayatolah Jomeini. Jamenei encarna al poder real en Irán. Las fuerzas armadas y las instancias represivas dependen de él, al igual que la designación de cientos de funcionarios públicos. Al Líder Supremo se contrapone principalmente el expresidente Ali Akbar Rafsanyani, de corte reformista, y que también pertenece a la cúpula clerical. En los últimos cuatro años, desde que gobierna Ahmadineyad, el sector más conservador se ha encargado de restringir una serie de libertades civiles que habían sido conquistadas durante la presidencia de Rafsanyani.

Así, la represión contra los sectores aperturistas ha sido apuntalada por la figura de Ahmadineyad, quien cuenta con el apoyo de los sectores rurales y más empobrecidos, gracias a su política populista y clientelar que adereza con creencias milenaristas. Es decir, Ahmadineyad es un iluminado, hasta cierto punto la versión persa de Hugo Chávez. Durante su presidencia ha impulsado el proyecto nuclear iraní, retando con una retórica virulenta al sistema internacional. Occidente ha impuesto una serie sanciones a Irán, lo cual ha afectado negativamente a su economía, aunada a la caída del precio del petróleo, cuya explotación sostiene su política clientelar. Internamente, se ha encargado de reprimir estudiantes y organizaciones y de censurar periódicos que cuestionan su política, así como restringir el acceso a internet.

La segunda perspectiva que explica el conflicto post-electoral es la social. Para muchos jóvenes, el triunfo de Ahmadineyad viene acompañado de un alto grado de frustración. Musaví ofrecía expectativas de cambio. Irán cuenta con niveles de desempleo de 10%. En los jóvenes menores de 24 años este índice rebasa el 20%. La inflación anual alcanza 25%. Los jóvenes que se manifiestan nacieron después de la revolución islámica de 1979 encabezada por el Ayatolah Jomeini. No se identifican con sus ideales y el régimen instaurado oprime sus expectativas de futuro y reduce sus oportunidades. En otras palabras, las manifestaciones post-electorales cuestionan la legitimidad del régimen de los ayatolas. Independientemente del resultado, y de la lucha de poder entre los clérigos, la explosión social en Irán demuestra que las estructuras de poder real en la República Islámica no se adaptaron al cambio generacional. En vez de preocuparse por atender los rezagos estructurales, el régimen teocrático se concentró en una política exterior que en nada resuelve los problemas cotidianos de su población. Ahora le toca a los ayatolas pagar la factura.

Danza con Cuervos

El plan de paz que dio a conocer el primer ministro de Israel, Benjamín Netaniahu, el domingo pasado es una perla del cinismo que le caracteriza (leer el discurso aquí). Por una parte llama a re-iniciar, sin precondiciones, las negociaciones con los palestinos. Pero al ofrecer como visión un Estado Palestino desmilitarizado con fronteras bajo el control israelí, condiciona el resultado de las negociaciones y desconoce el derecho de los palestinos a un Estado independiente y viable. El discurso de Netaniahu es reflejo de un modelo mental invadido por el miedo. Su planteamiento desconoce la solución de los dos Estados, así como cualquier opción realista de paz.

Un acuerdo de paz implica el fin del conflicto y, por ende, un pacto de no agresión. ¿Acaso Egipto y Jordania se desmilitarizaron cuando firmaron sus acuerdos de paz con Israel? ¿Por qué sería diferente con Palestina? Un acuerdo de paz implica la inherente construcción de condiciones que harían costosa una guerra. Israelíes y palestinos están destinados a compartir la misma tierra y a construir intereses en común. Pero no habrá paz mientras una de las partes busque imponer condiciones sobre la otra. No habrá paz mientras Israel insista en perpetuar el control sobre los palestinos.

jueves, 4 de junio de 2009

EL DISCURSO DE OBAMA EN EL CAIRO

EL DISCURSO DE OBAMA EN EL CAIRO

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

4 DE JUNIO DE 2009

Barack Obama está en Medio Oriente y pretende tomar al toro por los cuernos. Desde la campaña electoral que lo catapultó a la Casa Blanca, Obama delineó una política exterior contrastante a la de George W. Bush. En principio, como lo señaló en enero al diario Al-Arabiya y hace unas semanas en Turquía, Obama quiere recomponer las relaciones de Estados Unidos con el mundo árabe y el islam. Busca cambiar la percepción del llamado choque de civilizaciones que ha alimentado al extremismo islámico y a las posturas más reticentes en su país y occidente. No hay que negarlo, Obama responde a los intereses de Estados Unidos. Esa es una realidad que puede o no gustarnos del todo, pero en definitiva, su cosmovisión tiende a la construcción de consensos en el sistema internacional. Y sí, es motivo suficiente para celebrarlo.

Hoy, en El Cairo, refrendó, de forma puntual y ambiciosa, sus intenciones. Las expectativas son altas y podrían resultar frustrantes si no se cumplen o se logran parcialmente. Obama lo sabe. Ya vivió en carne propia la decepción de no avanzar en aclarar los casos de tortura o de cerrar definitivamente la cárcel de Guantánamo. Pero la situación en Medio Oriente, con una gran cantidad de frentes al rojo vivo, amerita colocar la vara en tan alta posición.

La elección del lugar para hablarle al mundo árabe y al islámico, de frente y sin corta prisas, tiene un importante peso simbólico. Egipto es el mayor país árabe, cuna del nacionalismo árabe secular, pero también de islam político. El discurso fue albergado por la Univeridad de El Cairo, de carácter laico y universalista, y co-patrocinado por la Universidad Al-Ahzar, de corte islamista. En esta última, estudió Ayman al-Zawahiri, el compinche de Osama Bin Laden en Al-Qaeda. Y desde ahí, Barack Hussein Obama habló no sólo de un nuevo comienzo, de Irán y del conflicto palestino-israelí. También instó a los regímenes del Medio Oriente para promover los derechos humanos, así como impulsar sistemas democráticos, los derechos de las mujeres y la libertad religiosa.

En principio, Obama asumió la responsabilidad de Occidente por las injusticias provocadas en la región por el colonialismo y los intereses geopolíticos que muchas veces han confrontado a los pueblos y naciones del Medio Oriente entre sí. De allí partió para hacer un llamado de voltear al futuro, reconocerse como seres humanos y acabar con los estereotipos que han degradado la relación entre ambas partes. Obama subrayó los valores y las aportaciones a la humanidad que ha hecho la cultura islámica a lo largo de los siglos. Incluso, señaló que en su país 7 millones de musulmanes viven en total libertad religiosa, aportando al desarrollo de Estados Unidos desde diversos ámbitos.

Reiteró su estrategia frente al terrorismo islámico y solicitó confrontar el extremismo violento en todas sus formas. Justificó la guerra contra el terrorismo encarnado en Al Qaeda y los Talibán, responsables del 11/9 donde murieron 3000 inocentes. Eso sí, se desmarcó de la guerra en Irak, a la que consideró un error que pudo evitarse. Anotó que no se puede menospreciar la diplomacia ni el consenso internacional.

Respecto al proceso de paz entre israelíes y palestinos, condenó a quienes niegan el Holocausto y llaman a la destrucción de Israel. No es poca cosa, considerando que lo hizo desde el epicentro de confrontación. En muchos países árabes y organizaciones islamistas se sigue enseñando el libelo de los Protocolos de Sión como un hecho real. Este falso texto es fundamento del antisemitismo moderno, el que llevó a 6 millones de judíos a las cámaras de gas. Por el otro lado, señaló que es intolerable la situación de los palestinos que viven bajo la ocupación israelí. Como era de esperarse, reiteró la fórmula de paz entre Israel y Palestina basada en dos Estados independientes. Rescató el Plan de Ruta de 2003. Por una parte, los palestinos deben renunciar a la violencia armada. Obama ofreció apertura a Hamás, al que consideró que representa a un sector del pueblo palestino. Indicó que para participar en la construcción de un Estado palestino, Hamás requiere renunciar a la violencia y reconocer los acuerdos previos y el derecho de Israel a existir. Por otra parte, deslegitimó a los asentamientos judíos en los territorios palestinos, a los que señalo como violatorios de acuerdos previos. Así como instó al gobierno de Israel a reconocer el derecho del pueblo palestino a un Estado independiente, también llamó a poner fin al asedio sobre Gaza.

Cierto es que se trata de más palabras, pero pocas veces se ha escuchado a un presidente de Estados Unidos colocar con firmeza a Israel y Palestina en paridad de condiciones. Es sin duda, una oportunidad para los sectores moderados en ambas partes recobren centralidad. Las palabras de Obama no sólo abrigan esperanza, son punta de lanza y plataforma firme para la negociación. No obstante, el futuro inmediato no estará exento de dolores de cabeza.

En el caso del proyecto nuclear iraní, el presidente de Estados Unidos señaló que todos los países tienen derecho a generar energía nuclear para uso civil. Una vez más, ofreció a Irán iniciar negociaciones sin precondiciones con el fin de enmendar la relación bilateral. Obama señaló que no tolerará una carrera armamentista en el Medio Oriente, por lo que reiteró su compromiso por erradicar las armas nucleares de la faz de la tierra.

Finalmente, Obama también tocó puntos álgidos y sensibles que cuestionaron a los regímenes autoritarios de la zona, incluidos los de Egipto y Arabia Saudita, sus anfitriones durante esta gira. Señaló que la democracia no puede imponerse, pero que existen diversas formas para llegar a ella. Reconoció que los procesos electorales no son suficientes para construir un régimen democrático. En este sentido, y desde la cueva del león, instó a los regímenes de la región a respetar los derechos humanos, incluida la libertad religiosa y los derechos fundamentales de las mujeres. Así, aplaudió las iniciativas como la Alianza de Civilizaciones encabezada por Turquía y España y la del Diálogo Inter-religioso impulsada por Arabia Saudita.

Obama es un personaje peculiar, un ser “híbrido”, como lo definió Juan José Millás, por lo que no puede ser fácilmente etiquetado. Este aspecto le permite una flexibilidad y una riqueza de posibilidades para explotar una realpolitik distinta y esperanzadora para Medio Oriente, aunque ésta emane de los intereses de Estados Unidos. Ojalá que Barack Hussein Obama tenga éxito.

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Conclusiones de Gideon Levy sobre el discurso de Obama: Obama emerged in Cairo as a true friend of Israel.

Visita de Obama al campo de concentración de Buchenwald donde refrendó su visión de paz: Obama ve en Buchenwald un ejemplo de reconciliación.

jueves, 28 de mayo de 2009

ENSALADA LEVANTINA CON SAZÓN NORCOREANO

ENSALADA LEVANTINA CON SAZÓN NORCOREANO

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

28 DE MAYO DE 2009

Medio Oriente es un hervidero. Varios asuntos coinciden en un breve lapso de tiempo, generando un clima de incertidumbre donde actores domésticos, regionales e internacionales se entremezclan. Predomina el choque previsto entre los gobiernos de Israel y Estados Unidos tras los esfuerzos Washington para relanzar el proceso de paz con Palestina, mientras que la rivalidad entre palestinos entorpece cualquier escenario más o menos optimista.

Ni que decir del programa nuclear iraní, que marcha viento en popa, aunado al proceso electoral donde se cuestiona el liderazgo de Mahmoud Ahmadineyad. Por su parte, las elecciones programadas en El Líbano para el 7 de junio contienen un elemento de explosividad encarnado en Hezbollah, el partido shiita apoyado directamente por Teherán. Así pues, Medio Oriente vive un momento particularmente tenso que tendrá desenlaces inciertos en el futuro inmediato. Vayamos por partes para desmenuzar esta intrincada ensalada, puesta a la mesa, a unos días de que Barack Obama realice su primera gira a la región como presidente de Estados Unidos.

La semana pasada, Obama recibió en la Casa Blanca al primer ministro de Israel. Las declaraciones de los últimos días reflejan el desencuentro entre ambos. Como parte de su intento por solucionar el conflicto entre israelíes y palestinos, Obama exigió a Benjamín Netaniahu poner fin a la expansión de los asentamientos judíos en los territorios palestinos ocupados. El premier israelí, además, evitó refrendar la solución de los dos Estados. No es la primera vez en que estos aliados, Israel y Estados Unidos, no coinciden en la misma dirección. Sin embargo, en esta ocasión, la distancia que se marcó entre ambos gobiernos se fundamenta en la decisión de Obama de convertirse en un intermediario imparcial, necesario para alcanzar un acuerdo que incluya un Estado palestino viable que coexista al lado de Israel. Pero su intención aún no encuentra suficiente eco. La coalición que sostiene al gobierno de Netaniahu rechaza el proyecto de los dos Estados. Además, el premier israelí se debe, y protege, a los 300 mil colonos judíos que imponen su ley opresora en los territorios ocupados, coartando a la población palestina de la posibilidad de ejercer, siquiera, sus libertades políticas y civiles más elementales.

No es sólo la intransigencia israelí la que entorpece el intento diplomático de Washington. La lucha de poder entre Al Fataj, que encabeza Mahmoud Abbas y Hamás hace imposible que se concrete cualquier proyecto de paz. Los esfuerzos de Egipto por reconciliar a estas dos fuerzas palestinas a través de la formación de un gobierno de unidad nacional han sido infructuosos. El movimiento islámico salió políticamente fortalecido tras la guerra de Gaza y no requiere flexibilizar su postura ante una ANP ineficaz y débil. Además, considera al presidente Abbas como parte del problema y no de la solución. Mientras Hamás no reconozca al Estado de Israel y rechace el proceso de paz, será difícil pensar en una reconciliación palestina. De esta forma, el apoyo de Obama a Abbas, traducido en frenar el crecimiento de los asentamientos judíos en Cisjordania y en el levantamiento de las restricciones de movimiento de la población palestina, podría revitalizar al líder palestino frente a Hamás. Además, Abbas, quien hoy fue recibido por Obama en la Casa Blanca, se fortalecería si se concreta la Iniciativa de la Liga Árabe que endorsa el reconocimiento de Israel a cambio de un acuerdo de paz con Palestina. De ser certera esta observación, es posible que atestigüemos un mayor distanciamiento entre Obama y Netaniahu, con lo que el hilo reventaría por lo más delgado, es decir, crearía inestabilidad en la coalición israelí y posibles elecciones adelantadas.

Precisamente, Netaniahu ha intentado aplacar la avanzada diplomática de Washington advirtiendo sobre la amenaza iraní. Obama busca resolver el conflicto palestino-israelí como parte de una estrategia regional más amplia, que incluye la neutralización del proyecto nuclear de Irán. En este contexto, Ahmadineyad ha incrementado su discurso incendiario de cara a las elecciones del 12 de junio donde se juega su futuro político. El reformista Mir-Hossein Mousavi se enfila como el candidato más fuerte para evitar que Ahmadineyad se re-eliga. Mosuavi cuestiona la política exterior de Ahmadeniyad, que entre otras cosas, ha aislado aún más a la república islámica y profundizado sus problemas económicos. Si bien buena parte de la política iraní reside en el ultra-conservador Consejo de Sabios, una superestructura político-religiosa que determina el devenir iraní, también es cierto que la coyuntura económica ha puesto en riesgo la continuidad del régimen islámico ante el creciente descontento popular. En este caso, es posible que una visión más pragmática de los propios Ayatolas acabe por darle las gracias a Ahmadineyad por sus servicios.

Así mismo, las elecciones que se realizarán en El Líbano serán otra prueba que permita medir las fuerzas regionales en la zona. Hezbollah, apoyado por Irán, busca incrementar su tajada de poder a través del proceso electoral del 7 de junio. Sin embargo, la reciente filtración de un informe que responsabiliza al movimiento shiita del asesinato del expremier Rafik Hariri ha menguado la credibilidad de Hezbollah ante parte del electorado libanés. De peligrar la influencia de Hezbollah en el gobierno, que incluye el poder de veto y un ejército privado, no sería extraño que busqué animar una nueva confrontación con Israel para re-fortalecerse.

Así pues, en momentos en que se replantea seriamente la política exterior de Estados Unidos en Medio Oriente, son varios los actores interesados en mantener vigentes los diversos conflictos que se desarrollan en zona y poner a prueba la estrategia de Obama. En pocas palabras, a partir de ahora, cualquier cosa puede pasar. Corea del Norte ha dado la pauta…

jueves, 14 de mayo de 2009

RATZINGER Y BENEDICTO EN TIERRA SANTA

RATZINGER Y BENEDICTO EN TIERRA SANTA

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

14 DE MAYO DE 2009

El papa Benedicto XVI peregrina por Jordania, Israel y los territorios palestinos. El mensaje papal busca reconciliar las diferencias entre las comunidades religiosas judías, cristianas y musulmanas. También, desde la perspectiva de la política regional, ha hecho un llamado a un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos. Dos dimensiones, la religiosa y la política, que se entremezclan y, en momentos, se confunden.

En sus primeros actos por Tierra Santa, la visita papal fue marcada por la polémica y las críticas en su contra por parte de autoridades políticas y religiosas de Israel y Palestina. Sabiendo de la sensibilidad que existe por temas como el crecimiento del antisemitismo o la ocupación israelí, el líder de la jerarquía católica trató en un principio de manejar un discurso más bien aséptico para evitar herir susceptibilidades. Por una parte, la controversia se desató más por lo que dejó de decir que por lo que dijo. Pero también, cabe mencionar, la visita viene antecedida de acciones y dichos de Benedicto XVI que han causado malestar tanto en círculos judíos como musulmanes. A lo largo de sus cuatro años como papa, la relación de Ratzinger con los líderes de las otras dos religiones monoteístas ha sido poco tersa. Contrasta sin duda con el papado de Juan Pablo II, donde se dieron acercamientos importantes entre las tres comunidades religiosas. En septiembre de 2006, Ratzinger citó en una conferencia en la Universidad de Ratisbona al Emperador Bizantino Manuel II Paléologo, etiquetando al Islam como una religión que predica a través de la violencia. La desacreditación, que el papa consideró en su momento un malentendido, generó amplia molestia en la comunidad islámica.

Recientemente, la postura crítica de El Vaticano respecto a la invasión israelí a Gaza causó fricciones con el entonces gobierno de Ehud Olmert. Pero fue, sin duda el levantamiento de la excomunión al movimiento cismático de los lefebvrianos el que generó gran indignación en el mundo judío. La readmisión de los discípulos del Marcel Lefebvre en el seno de la Iglesia católica incluso puso en peligro la actual gira apostólica a Tierra Santa. El movimiento lefebvriano desconoce el Concilio Vaticano II y niega el Holocausto judío, evocando fuertes sentimientos antisemitas.

Ratzinger ha intentado sanar estas diferencias con judíos y musulmanes, diferencias que sin duda afectan negativamente al diálogo inter-religioso. A su llegada a Israel, en su primer discurso denunció el resurgimiento del antisemitismo y señaló que la Humanidad debe evitar que se repita el Holocausto judío. En otras palabras, buscó aliviar el desencuentro a raíz de su apertura a los lefebvrianos. Sin embargo, el gesto del papa no se repitió en su visita al Memorial del Holocausto en Jerusalén. Ahí no hizo referencia ni a su pasado, cuando Ratzinger formó parte de las Juventudes Hitlerianas, ni a la política evasiva del Vaticano durante el nazismo. Para muchos, Ratzinger perdió la oportunidad simbólica, como papa y como alemán, para hacer referencia al asesinato de 6 millones de judíos por los nazis y curar en definitiva las heridas de la Iglesia católica con el pueblo judío. En este sentido, si bien Benedicto XVI se manifestó en contra del antisemitismo, lo cierto es que queda sin aclarar algunas de sus decisiones respecto a retomar la liturgia pascual en latín que hace referencia a la conversión de los judíos al cristianismo, al igual que sus intentos por beatificar a Pio XII, el papa que durante la Segunda Guerra Mundial no denunció la política nazi.

En otro acto, este enmarcado en un encuentro ecuménico, el papa se retiró de la reunión después de que un clérigo musulmán acusó a Israel de haber realizado una masacre en Gaza. La reacción del papa se justificó debido a que ese evento pretendía fortalecer los mecanismos del diálogo inter-religioso. Justo hoy, en Nazareth, el lugar donde creció Jesús, el papa hizo un llamado a cristianos y musulmanes para rechazar el odio y construir espacios de coexistencia. También reafirmó los valores tradicionales de la familia y la unión consagrada del hombre y la mujer para aceptar, desde su visión conservadora, el regalo divino de la vida.

Pero el papa no ha dejado de lado la política regional. Desde Belén, durante el único día que dedicó a visitar los territorios palestinos, Benedicto XVI se manifestó a favor de la soberanía palestina y realizó una crítica al muro de separación que construyó Israel a lo largo de Cisjordania y que ha afectado gravemente la vida cotidiana de los palestinos. Ratzinger calificó al muro como un obstáculo para la reconciliación entre israelíes y palestinos. Para algunos sectores en Palestina, la postura papal resultó tibia. En parte, porque no habló con todas sus letras de un Estado palestino, lo cual hubiera sido deseable desde la perspectiva del proceso de paz. Por su lado, el líder de Hamás en Gaza, Ismael Haniye, lo invitó a visitar la franja para atestiguar el sufrimiento palestino.

Mañana viernes Ratzinger culmina su primera peregrinación como papa por Tierra Santa. Visitará el Santo Sepulcro en Jerusalén. Así pondrá fin a una polémica gira, que a pesar del mensaje de paz, deja en claro que su figura como Benedicto XVI no deja satisfechos del todo ni a propios ni a extraños.

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Palabras de Benedicto XVI del viernes 16 de mayo, antes de partir de vuelta a Roma en FAREWELL CEREMONY. Fortalece posturas que fueron consideradas como tibias durante el viaje:

Sobre el Holocausto: "The ceremony at the Presidential Palace was followed by one of the most solemn moments of my stay in Israel – my visit to the Holocaust Memorial at Yad Vashem, where I paid my respects to the victims of the Shoah. There also I met some of the survivors. Those deeply moving encounters brought back memories of my visit three years ago to the death camp at Auschwitz, where so many Jews - mothers, fathers, husbands, wives, sons, daughters, brothers, sisters, friends - were brutally exterminated under a godless regime that propagated an ideology of anti-Semitism and hatred. That appalling chapter of history must never be forgotten or denied."

Sobre el Estado palestino: "Let it be likewise acknowledged that the Palestinian people have a right to a sovereign independent homeland, to live with dignity and to travel freely. Let the two-state solution become a reality, not remain a dream. And let peace spread outwards from these lands, let them serve as a “light to the nations” (Is 42:6), bringing hope to the many other regions that are affected by conflict."

jueves, 30 de abril de 2009

DE CERDOS, HAMÁS Y NETANIAHU

DE CERDOS, HAMÁS Y NETANIAHU

JOSÉ HAMRA SASSÓN

30 DE ABRIL DE 2009

Como en el resto del mundo, los países del Medio Oriente se preparan para evitar que el ahora llamado virus de la Influenza A(H1N1) afecte a sus poblaciones ante la alerta mundial emitida por la Organización Mundial de Salud (OMS). No es para menos, el virus de la influenza porcina llegó a la región.

Hasta el momento, sólo se han detectado un par de contagios confirmados en Israel, ninguno mortal. Se sospecha que otras cuatro personas puedan estar infectadas con el virus. Todos los casos regresaron de México o tuvieron contacto con personas que visitaron nuestro país en días recientes. Por esta razón, las autoridades israelíes han dispuesto la revisión médica de todos los viajeros que lleguen de México. En el aeropuerto se han habilitado clínicas especializadas con el fin de detectar posibles casos de infección.

Por su parte, Egipto dispuso poner en cuarentena a los pasajeros que aterrizaran en sus aeropuertos provenientes de México. El Ministerio de Salud preparó panfletos para informar a su población.

En este país, el uso político de la crisis global de salud no se queda atrás. A principios de esta semana, el Ministerio de Agricultura ordenó sacrificar unos 300 mil cerdos, que básicamente son criados por la minoría cristiana de la comunidad copta. La medida resulta absurda, una vez que se ha comprobado e informado hasta el cansancio que no hay posibilidad alguna de contagio por el contacto con cerdos o el consumo de su carne. Este jueves las autoridades egipcias reconocieron, ante la crítica de la FAO, que aprovecharon la crisis de la pandemia para poner en orden la crianza irregular de cerdos en este país mayoritariamente musulmán. La medida ya tuvo reacciones violentas en algunas ciudades al Norte de El Cairo, región donde se concentra la minoría copta, cuando criadores de cerdos se enfrentaron al personal de sanidad que se presentó a retirar a sus animales. De esta forma, el anuncio de la matanza de cerdos, un animal prohibido e impuro para el islam, también es aprovechado para hacer frente a la creciente oposición islamista que amenaza al régimen de Mubarak.

En este mismo tenor, funcionarios iraquíes anunciaron que sacrificarían a los tres cerdos salvajes que habitan en el zoológico de Bagdad. Aunque no hay fecha para hacerlo, la dudosa decisión parece una forma de aparentar ante la población que las autoridades están haciendo algo para prevenir la infección viral. No obstante, hay medidas más sensatas puestas en marcha. Las autoridades de salud en Irak, al igual que las de El Líbano, los Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Palestina, han asegurado que cuentan con dosis suficientes del antiviral Tamiflú en caso de ser necesario. Además, en El Líbano, las autoridades han solicitado a su población evitar el saludo tradicional de tres besos en las mejillas y lavarse las manos continuamente. En Arabia Saudita se ha habilitado una línea telefónica de emergencia y se ha capacitado al cuerpo médico para diagnosticar correctamente una infección de influenza porcina. Por su parte, el Consejo de Cooperación de países del Golfo Pérsico tiene programada una reunión para este sábado en el cual buscará coordinar acciones para hacer frente a la pandemia.

En otras palabras, las acciones que se realizan en el Medio Oriente ante la crisis sanitaria responden, en términos generales, a los requerimientos que la OMS ha dispuesto para combatirla. Sin embargo, habría que tomar en cuenta que de no mitigarse la actual expansión del virus, los países subdesarrollados son los que tendrán mayores impactos de infección y casos de muerte por la influenza porcina. A favor, varios países de la región, incluyendo la Autoridad Nacional Palestina, cuentan con planes de contingencia contra la gripa aviar, por lo que es de suponer que estarán preparados para al menos diagnosticar y tratar correctamente casos de infección por esta nueva ola de influenza.

No obstante lo anterior, no podemos dejar de lado la situación en los Territorios Palestinos, particularmente la franja de Gaza. Durante los últimos años, el bloqueo económico y la guerra de hace unos meses han dejado el sistema de salud de la franja en condiciones deplorables. El abastecimiento de medicamentos es ínfimo, con lo que la población en Gaza se encuentra en un alto riesgo de contagio. Este escenario obligaría al gobierno de Benjamín Netaniahu a asumir responsabilidad sobre el impacto de la influenza porcina en Gaza. Ante la confirmación de que el virus de la influenza porcina, altamente contagioso, ya llegó al Medio Oriente, la coordinación entre Israel, la Autoridad Nacional Palestina y Hamás es inevitable. La pandemia no reconocerá fronteras impuestas ni muros de seguridad. En este sentido, de nada serviría al gobierno de Israel controlar y mitigar el virus en su población si sus vecinos palestinos se mantienen en alto riesgo de ser infectados y sin las instalaciones sanitarias necesarias para hacerle frente.

Quién lo diría, el gobierno ultranacionalista de Israel y los islamistas fundamentalistas de Hamás codo a codo para combatir un virus originado del cerdo, un animal prohibido como alimento tanto por el judaísmo como por el islam. Como decimos en México, nadie sabe para quién trabaja…

jueves, 5 de marzo de 2009

GALIMATÍAS EN MEDIO ORIENTE

GALIMATÍAS EN MEDIO ORIENTE

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

5 DE MARZO DE 2009

Hillary Clinton realiza esta semana su primer viaje al Medio Oriente como Secretaria de Estado de Estados Unidos. La región la recibió ansiosamente pues las expectativas creadas en torno a su jefe, Barack Obama, son enormes. ¿Logrará el nuevo gobierno estadounidense poner orden en el desastre que dejó el gobierno de Bush? La ocupación en Irak, el conflicto palestino – israelí, el devenir de El Líbano, la nuclearización iraní, el enigma sirio y los agentes no-estatales como Hamás y Hezbollah, son sólo algunos de los asuntos que en primera instancia hacen de la agenda regional un verdadero galimatías.

Partamos de la idea de que es urgente resolver el conflicto israelopalestino, raíz del conflicto árabe – israelí. Y el apremio es evidente al menos por dos razones. Por una parte, los palestinos requieren un Estado independiente y viable para cumplir con sus aspiraciones nacionales. La segunda razón es que un acuerdo de paz con Israel, aceptado por la mayoría de los palestinos, y el mundo árabe en general, neutralizaría a los regímenes autocráticos, a los movimientos islamistas y a las organizaciones terroristas como Al Qaeda que utilizan la tragedia palestina para manipular a las bases sociales. Sin duda, desactivar este conflicto generaría oportunidades para resolver otros problemas de la región que nada tienen que ver con Israel o Palestina.

Consideremos también que Estados Unidos es el único actor en el sistema internacional capaz de forjar un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos, ejerciendo su poder diplomático para despejar el miedo y la desconfianza entre las partes. Finalmente, supongamos que la Casa Blanca entiende cómo armar este rompecabezas, donde muchas de las piezas no embonan en primera instancia entre sí o que dependen de otros eslabones en la dimensión regional para poder hacerlo. Piezas que, incluso, están conformadas por dos o más partes.

Y es que en Israel y Palestina se experimentan procesos de fragmentación que podemos ver geográficamente. Por ejemplo, Gaza se encuentra bajo control de Hamás y Cisjordania de Al Fatah, el movimiento que históricamente rige los destinos de la OLP y la Autoridad Nacional Palestina. Ambos feudos compiten pot la legitimidad de la causa palestina bajo premisas y estrategias en principio incompatibles. Mientras que el movimiento islamista busca crear un Estado teocrático en todo el territorio en disputa, Al Fatah sostiene con alfileres la iniciativa que reconoce la coexistencia con Israel. Además, ambos cuentan con representaciones en la diáspora palestina que tienen cierto grado de influencia en las decisiones que toman. En este escenario aparece Egipto, que cumple con la función de mediador en el diálogo de reconciliación palestina, que tras la guerra en Gaza cobró nuevo aire una vez que se evidenció la fractura entre Al Fatah y Hamás. El 26 de febrero se reunieron en El Cairo representantes de 13 fracciones palestinas, donde establecieron una agenda para el proceso de reconciliación que busca generar las condiciones para celebrar elecciones parlamentarias y legislativas en enero de 2010. Además de intentar acordar un gobierno de unidad nacional de transición, se abordarán temas desde la liberación de prisioneros políticos de ambos bandos, seguridad y la reforma de la OLP.

Egipto también mantiene la mediación indirecta entre Israel y Hamás con el fin de pactar un cese al fuego total y de larga duración así como la liberación de prisioneros. La reconciliación palestina depende de los avances en esta vía. Si bien la pieza egipcia es clave en este rompecabezas, cierto es que también es sumamente frágil. Abrumado por la amenaza que representa para su régimen el extremismo islámico, Hosni Mubarak ha fracasado en su intento de reformar la economía de su país, a la vez de que se incrementa la incertidumbre política ante la falta de reglas claras para la sucesión presidencial. Hoy en día Egipto es el aliado árabe que mejor puede responder a los intereses de Estados Unidos frente al conflicto palestino – israelí, pero que también encabeza, junto con Arabia Saudita, el frente anti-iraní. El régimen de Teherán ha aprovechado el desorden de los últimos años para cimentar, apoyado por su proyecto nuclear, un liderazgo regional que confronta directamente al mundo árabe y su mayoría sunnita. En términos generales, Irán ha profundizado las añejas divisiones que existen entre los países árabes, al grado de que el presidente palestino le ha exigido a su gobierno dejar de entrometerse en Gaza. La descomposición de Egipto abriría la puerta de par en par a los sectores más radicales de la zona, con lo que cambiaría dramáticamente la configuración del rompecabezas.

Así las cosas, Israel, el otro actor del conflicto prioritario en Medio Oriente, también se encuentra dividido. La institucionalidad del Estado judío ha quedado rebasada por la minoría extremista que no reconoce los derechos palestinos. Geográficamente, Cisjordania, donde viven al menos 400 mil colonos judíos, se rige bajo una administración segregacionista y de privilegios, a diferencia del territorio internacionalmente reconocido para Israel, donde el sistema democrático incluyente está en vías de parálisis tras el resultado electoral del mes pasado. En buena medida, se debe a que el probable gobierno de Benjamín Netaniahu se dirige a una colisión con la Casa Blanca. A su paso por la región, Clinton ha sido clara: los asentamientos judíos son un obstáculo para la solución de los dos Estados, la pieza clave, de acuerdo a nuestros supuestos, para empezar a resolver el caos que representa el Medio Oriente. Estados Unidos no la tiene fácil y requiere del apoyo de la Unión Europea, Rusia, la ONU, y países regionales como Turquía y Egipto. Pero es el único actor capaz de articular una agresiva estrategia diplomática que genere condiciones más afables para la resolución del conflicto palestino-israelí. Falta por ver si el gobierno de Obama logra pasar de las palabras a los hechos.

jueves, 12 de febrero de 2009

ISRAEL Y EL VOTO DEL MIEDO

ISRAEL Y EL VOTO DEL MIEDO

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

12 DE FEBRERO DE 2009

En las elecciones del martes, el miedo ganó en Israel. La lectura de los resultados que ha trascendido es que la sociedad israelí se derechizó. Pero es necesario considerar el matiz del miedo para dimensionar la razón por la cual el electorado le otorgó al partido de extrema derecha, Israel Beitenu (Israel Nuestro Hogar), 15 de 120 escaños, relegando al Laborismo al cuarto puesto con 13 lugares en el parlamento y marginando al partido de izquierda Meretz con tan sólo tres.

Kadima y Likud se pelean el triunfo con menos del 23% de los votos para cada uno. Desde el primer momento sus líderes, Tzipi Livni y Benjamín Netaniahu, respectivamente, iniciaron negociaciones con otros partidos para lograr formar una coalición de al menos 61 parlamentarios que les permita obtener la mayoría mínima necesaria para gobernar. En el sistema político israelí quien forma gobierno no es necesariamente el partido que obtuvo más votos, sino el que asegure una mayoría parlamentaria. Y en ese sentido, Netaniahu parece tener ventaja. Recordemos que en octubre pasado, una vez que Ehud Olmert fuera obligado a renunciar como Primer Ministro (asumió el cargo en 2006), Livni fue incapaz de formar una nueva coalición que habría evitado las elecciones adelantadas. La nueva conformación del parlamento israelí, donde el espectro de la derecha suma 65 escaños, le obstaculiza a Livni y su partido Kadima un segundo intento.

Por otra parte, de los 33 partidos que participaron en los comicios del 10 de febrero, 12 obtuvieron al menos 2% de los votos, requisito para lograr representación legislativa. Es tal el grado de fragmentación sociopolítica en Israel, que siete de esos 12 partidos obtuvieron entre tres y cinco escaños cada uno, con lo que suman arriba de 20% del total. La alta segmentación del sistema político israelí responde a la pluralidad de su sociedad conformada por judíos y musulmanes, por ciudadanos israelíes judíos y palestinos ciudadanos de Israel (20%), religiosos y seculares, sefaraditas y askenazíes, sionistas y no sionistas, por judíos de origen ruso, árabe, europeo, etíope, entre otros tantos sectores. Pero es un sistema que en los últimos 25 años el equilibrio de fuerzas, producto de la fragmentación, ha generado inestabilidad política. Desde 1992, se han realizado en Israel siete elecciones y formado al menos seis coaliciones de gobierno. Sólo uno de los seis primeros ministros en este periodo de 17 años terminó su mandato.

El miedo, pues, fue un elemento central que impactó en la elección en al menos dos sentidos. Por un lado, impulsó a la derecha nacionalista (representados principalmente por el Likud e Israel Beitenu) gracias a la guerra en Gaza. La amenaza que Hamás representa para Israel, real o ficticia, fue capitalizada por Avigdor Liberman, líder de Israel Beitenu, un ultraderechista que ha pintado el espectro político israelí con un discurso racista, intolerante y anti-árabe. Y en este sentido, Hamás impulsó a Liberman. En Sderot, Beersheva y Ashkelon, ciudades del sur de Israel asoladas por los misiles de Hamás, el partido de Liberman se registra como segunda fuerza, sólo por detrás del Likud de Netaniahu. Ambos sostuvieron a lo largo de sus campañas que acabarían con Hamás.

Por el otro lado, el miedo se manifestó en amplios sectores de izquierda que votaron por Kadima con el fin de evitar un triunfo de Netaniahu. Un voto de miedo disfrazado de “útil” y que simplemente resultó inútil. Si bien los partidarios del Laborismo y de Meretz que votaron por Livni le aseguraron al menos un empate técnico, no evitaron que sea una coalición encabezada por Netaniahu y de tintes ultra-nacionalistas la que tenga mayores posibilidades de formar gobierno en estos momentos. Peor aún, este voto de miedo a Netaniahu acabó por debilitar a la representación progresista en el parlamento israelí, dejando en el limbo a los herederos políticos de los fundadores de Israel, quienes buscaron construir una sociedad incluyente. En un sistema parlamentario, donde el jefe de gobierno (es decir, del poder ejecutivo) emana de la misma legislatura, el llamado voto útil acaba decantando la representación de otras ofertas en el órgano legislativo. Cosa que no necesariamente sucede en un sistema presidencialista como el mexicano, donde se emiten votos por separado que permiten dividirlos a favor de distintas fuerzas políticas en el legislativo y el ejecutivo. Además, varios partidarios de la izquierda que se manifestaron en contra de la guerra en Gaza votaron por Jadash, un partido excomunista integrado por árabes y judíos, que aboga por un estado binacional. Jadash obtuvo 4 escaños, uno más que la legislatura pasada.

Así pues, el resultado del martes es la conclusión de una contienda electoral que se vio ensombrecida por la guerra en Gaza. Existe una remota probabilidad de que Livni y Netaniahu encabecen un gobierno de unidad nacional, situación que, de darse, augura elecciones adelantadas. Si Netaniahu logra ser primer ministro, se mantendrá el estado de confrontación con los palestinos, pues favorece la expansión de los asentamientos judíos en la Cisjordania ocupada, uno de los obstáculos para la solución de los dos Estados. En este sentido, podemos esperar que un gobierno de Netaniahu desafíe a la Casa Blanca, una vez que el presidente Barack Obama se ha decidido por un liderazgo más equilibrado que responda tanto a las necesidades de Israel como a las de Palestina.

En todo caso, la polarización del sistema político israelí hacia la intransigencia no responde necesariamente al sentir de la mayoría que reconoce la necesidad de un Estado palestino para acabar con el conflicto con sus vecinos. De igual forma, la mayoría de los palestinos aprueba la solución de los dos Estados. Sin embargo, impera la desconfianza y el miedo entre ambos pueblos. El gran reto para el gobierno de Estados Unidos será cambiar el paradigma y hacer coincidir a estas dos masas silenciosas en Israel y Palestina para que trasciendan, más allá de su expresión electoral, las posturas autoritarias manifestadas en Israel Beitenu o Hamás. Y es que con miedo, no se puede esperar ni paz ni libertad para ninguno de los dos pueblos.

viernes, 30 de enero de 2009

GAZA EN LAS ENTRAÑAS DE EGIPTO

GAZA EN LAS ENTRAÑAS DE EGIPTO

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

29 DE ENERO DE 2009

En solidaridad con Olivia Gall y Alejandro Frank

Egipto es un actor central de la guerra en Gaza y del subsecuente y frágil cese al fuego entre Israel y Hamás. Abordar el papel del mayor país árabe es fundamental para entender el desarrollo de la guerra y dilucidar sobre lo que podría suceder en el futuro.

No es casual que en su primera misión George Mitchell, el enviado especial para Medio Oriente de Estados Unidos, haya realizado su primera escala en El Cairo. El Egipto de Gamal Abdel Nasser “administró” la franja de 1948 a 1967, sin conceder a los refugiados palestinos ningún derecho político tras la independencia de Israel. Durante las negociaciones de Camp David de 1978 con Israel, la franja quedó fuera del acuerdo de paz a solicitud egipcia. El gobierno de Anwar el-Sadat no la quiso de vuelta, a pesar de haber perdido este territorio junto con la península del Sinaí en la guerra del 67. Una vez que Israel se retiró unilateralmente de Gaza en 2005 y Hamás se hizo de su control dos años después, los 11 kilómetros de frontera común entre Egipto y la franja se han mantenido sellados a la par del bloqueo israelí. En otras palabras, la situación en Gaza también es responsabilidad egipcia, incluyendo los túneles que se construyeron para contrabandear, desde su territorio, armas, pero también alimentos, libros y toda clase de enceres y mercancías de primera necesidad. Y es que, consistentemente, El Cairo se ha opuesto a otorgarle algún tipo de legitimidad a Hamás. Cualquier guiño del presidente Hosni Mubarak al movimiento islamista palestino podría poner en aprietos a su régimen. Precisamente, el gobierno egipcio ha hecho lo posible para apuntalar a la Autoridad Nacional Palestina de Mahmoud Abbas antes, durante y después de la guerra.

Vayamos por partes. En primer lugar la guerra en Gaza reflejó las profundas divisiones históricas que imperan entre los países árabes. Uno tendería a pensar que la magnitud de la respuesta militar israelí a los ataques de Hamás los uniría. En realidad, se crearon al menos dos frentes. Uno de ellos, encabezado por Egipto y Arabia Saudita, al que a la postre se uniría Jordania con el fin de boicotear la Cumbre Árabe de emergencia convocada por Qatar a principios de enero. En el otro frente se situaron, Siria y Hezbollah, el partido fundamentalista libanés, junto con el propio Qatar y Mauritania, quienes fueron los únicos países árabes que rompieron relaciones con Israel. Apoyados por Irán, se manifestaron abiertamente a favor de Hamás. Hezbollah, incluso, incitó sin efecto, a los egipcios para levantarse en contra de su gobierno.

Egipto criticó al liderazgo de Hamás desde que decidió no renovar la tregua con Israel a mediados de diciembre y lo culpó de haber provocado los ataques a Gaza. Ahora, busca consolidar el alto al fuego, con lo que pretende menguar el poder de Hamás a través de sus oficios para la reconciliación interpalestina. Entre otras cosas, propone un esquema en el que se restablezca un gobierno de unidad encabezado por la Autoridad Nacional Palestina. Mahmoud Abbas, cuyo mandato presidencial finalizó formalmente el 9 de enero, tendría que convocar a elecciones legislativas y presidenciales que se realizarían a más tardar el próximo mayo. Por su parte, Hamás renunciaría a cualquier acción militar contra Israel. Además, se buscaría reformar a la OLP para integrar a Hamás, una vez que la organización islamista acepte una solución negociada con Israel. A cambio, la Autoridad Palestina y Egipto liberarían a todos los miembros de Hamás que tienen presos.

Aunque encubierto por el esfuerzo diplomático, cabe preguntare a qué se debe el afán de Mubarak por debilitar a Hamás. La respuesta reside en la Hermandad Musulmana, la principal amenaza a su régimen. Los fundadores de Hamás en Gaza se formaron en la Hermandad Musulmana, el primer movimiento de corte fundamentalista islámico, creado en 1928 con el fin de transformar a Egipto en un Estado regido por la Sharía. Mubarak gobierna desde 1981 y se ha perpetuado en el poder tras cinco periodos en los que el oficial Partido Nacional Democrático ha arrasado en comicios poco transparentes. Desde su ascenso al poder, tras el asesinato de Sadat a manos de extremistas islámicos, Mubarak impuso una ley de emergencia que ha coartado las libertades políticas y sociales básicas de los egipcios. En este sentido, ha proscrito a la Hermandad Musulmana y perseguido y apresado a sus miembros, incluso bloqueando sus candidaturas en elecciones universitarias, municipales y nacionales. No obstante, los candidatos independientes adscritos al movimiento islamista que lograron participar en las elecciones legislativas de 2005 ganaron cerca de 20% de los escaños. En un país donde la mitad de sus 80 millones de habitantes sobrevive con dos dólares diarios, el movimiento islamista ha levantado simpatías, sobre todo en las zonas rurales. Además, el régimen de Mubarak se caracteriza por un imperante sistema de corrupción que se ha impuesto a cualquier tipo de reforma económica.

Ante el crecimiento de la oposición islámica, en buena medida impulsada por las condiciones de pobreza, Egipto se encuentra en una encrucijada ante la incertidumbre política. No existe en este momento una figura que sustituya a Mubarak, quien a sus 80 años se encuentra enfermo. En la última década ha impulsado a uno de sus hijos, Gamal, para ocupar su lugar bajo un aurea reformadora. Sin embargo, la sucesión no se ha concretado y no cuenta con el favor popular.

En este sentido, la guerra de Gaza tiene como escenario alterno la sucesión política egipcia. Un triunfo de Hamás habría ofrecido un caso de éxito para la Hermandad Musulmana, fortaleciendo al principal enemigo al régimen de Mubarak. Un escenario donde el fundamentalismo islámico se hiciera del poder en el mayor país árabe sería funesto para la estabilidad de la región. Más aún, sería el corolario de años de represión y falta de libertades que han impuesto los regímenes autoritarios en el Medio Oriente, velando más por sus intereses particulares que por los de sus sociedades. Pasó el tiempo en el que Israel era el principal pretexto para que los regímenes autoritarios se perpetuaran en el poder. Ante el ascenso de Hamás, la paz entre israelíes y palestinos es apremiante. También lo son las reformas políticas y económicas que generen condiciones sociales más justas, con lo que se pondría un alto a la falsa alternativa que ofrecen los movimientos totalitarios de corte islamista en el resto del mundo árabe.

jueves, 22 de enero de 2009

OBAMA: ¿UNA NUEVA ERA PARA EL MEDIO ORIENTE?

OBAMA:

¿UNA NUEVA ERA PARA EL MEDIO ORIENTE?

JOSÉ HAMRA SASSÓN

MEDIO ORIENTE, UN MUNDO ENTERO

REVISTA ANTENA RADIO 107.9 FM

22 DE ENERO DE 2009

Barack Husein Obama intentará renovar el papel de Estados Unidos en el sistema internacional. En su discurso inaugural dibujó una política exterior que contrasta con los parámetros que siguió el gobierno de George W. Bush durante 8 años. El reto de Obama no es menor: quiere recuperar el liderazgo internacional y limpiar la imagen de su país.

Es cierto que es aún muy temprano para saber si será capaz de lograrlo o si, en el peor de los casos, sus intenciones son genuinas. Cierto es también que Obama y su equipo entienden que el paquete es sumamente complicado y se han puesto a trabajar, incluso antes de que iniciara formalmente su mandato. El día de hoy, el presidente Obama firmó el decreto con el cual la cárcel de Guantánamo deberá ser cerrada en el lapso de un año. Igual suerte seguirán las cárceles clandestinas establecidas por la CIA en varias partes del mundo. Con esta decisión, Obama busca purgar este oscuro episodio de la Administración de George W. Bush. Episodio que avaló la tortura en los interrogatorios a sospechosos de ser terroristas. La guerra contra el terrorismo, en palabras de Obama, no debe hacerse a costa de los ideales de libertad que defiende Estados Unidos.

Podemos sostener que nuestro vecino del norte, con Obama o con quien sea que despache en la Oficina Oval, seguirá siendo Estados Unidos: la potencia se rige en el sistema internacional por sus intereses y no por ser el amigo más popular del barrio. Digamos que actúa como prácticamente todos los países. Pero la fascinación global por Obama reside en un discurso renovado que regresa a los valores centrados en el bienestar común, en la comprensión de que este mundo ha cambiado, y por lo tanto, como señaló en su discurso del martes, Estados Unidos también debe cambiar. Vale la pena darle el beneficio de la duda.

Así pues, la promesa del cambio radical en la política exterior de Washington hacía Medio Oriente empieza a tomar forma. El día de ayer (21 de enero) Obama se reunió con su gabinete de Seguridad Nacional y los responsables castrenses en Irak para poner en marcha el plan para retirar, en 16 meses, a sus 140 mil soldados de ese país. Salir de Irak, como se ha planteado, será sumamente difícil. El país invadido por Bush está social y políticamente fragmentado por sus diferencias étnico-religiosas. Sería una irresponsabilidad huir del desastre iraquí sin asegurar un plan que evite una guerra civil. Posiblemente ese proyecto implique el fin del país llamado Irak que se creó al finalizar la Primera Guerra Mundial. En ese caso, deberá evaluarse el impacto regional que tendría la desintegración iraquí.

Como lo prometió en su campaña, la salida de Irak responde a la necesidad de re-direccionar la guerra contra el terrorismo para enfocarla en Afganistán y Pakistán. En la frontera entre estos dos países se localiza el hervidero de Al-Qaeda. Todavía está por verse de qué forma el nuevo gobierno estadounidense echará a andar la nueva estrategia. Lo que sí ha vislumbrado es un nuevo acercamiento con el Medio Oriente y el resto del mundo: reconstruir el orden multilateral para hacer frente a la amenaza global del terrorismo. En este sentido, Obama elevó a nivel de gabinete el cargo de Embajador de Estados Unidos en la ONU.

En sus primeras palabras y acciones, el presidente Obama busca erradicar la noción del “Choque de Civilizaciones” en la que se montó la política exterior de su antecesor. En su discurso inaugural resaltó la de pluralidad religiosa y cultural de la sociedad estadounidense, lejana a la soberbia de un exclusivo club impuesta por Bush y compañía. Desde esa diversidad, habló al mundo musulmán al que le ofreció respeto mutuo. En el caso del programa nuclear iraní, Obama refrendó su compromiso para abordarlo a través de todo tipo de mecanismos diplomáticos para neutralizar la amenaza.

Finalmente, el nuevo presidente estadounidense ya se remango la camisa para resolver el conflicto entre israelíes y palestinos. De la mano de Hillary Clinton, su secretaria de Estado, en principio busca un cese al fuego definitivo entre Israel y Hamás. Al nombrar a George Mitchell como enviado especial para el Medio Oriente, Obama confirma su disposición para resolver activamente el conflicto israelí - palestino, tal y como lo declaró este jueves. Apoyado por el equipo que guió las negociaciones de paz hasta el año 2000, seguramente rescatará los parámetros de Bill Clinton para buscar resolver el conflicto. Es decir, asegurar la creación de un estado palestino viable en Gaza y Cisjordania, desmantelar los asentamientos judíos en los territorios palestinos y salvaguardar la integridad de Israel, entre otras cosas. En buena medida, el éxito de Obama y su equipo en Medio Oriente dependerá de un acuerdo de paz justa entre Israel y Palestina. Obama, de entrada, ya tiene un punto a su favor: no es George W. Bush. El resto está por escribirse.